Christian

El Lenguaje: Cómo influye en el pensamiento e identidad

El Lenguaje: cómo influye en el pensamiento y la identidad El lenguaje es mucho más que un conjunto de palabras ¡Es la herramienta con la que construimos nuestra identidad y nos permite relacionarnos con el mundo! A continuación exploraremos lo poderoso que puede ser el lenguaje. Cómo el lenguaje participa en la construcción del pensamiento Hablar de pensamiento es, en esencia, hablar de lenguaje. Para la psicología conductual-contextual, los pensamientos no son entes abstractos, sino estructuras verbales que aprendemos a reunir en «ideas».  Es decir, nosotros primero empezamos a hablar y luego, según la experiencia, vamos aprendiendo qué cosas expresar en voz alta, qué cosas hablar con nosotros mismos y qué cosas aprendemos y automatizamos. Veámoslo de este modo: Cuando un niño aprende a pedir un «vaso» y recibe una respuesta, no solo suma vocabulario; sino que entiende la funcionalidad de su lenguaje. Con el tiempo, esta interacción se vuelve interna y compleja, permitiéndonos opinar sobre nuestra realidad y autorregularnos desde nuestros pensamientos. Por otra parte, a medida que crece, va aprendiendo, porque el ambiente se lo pide, a saber qué decir y qué no, por ejemplo, armando frases como: «Pásame el vaso», pero ya no lo señalas o no dices el color del vaso si no es importante. A su vez, ya para este punto, aprendemos que podemos hablarnos y respondernos a nosotros mismos de forma coherente. En el ejemplo del vaso, podemos tener una opinión interna sobre si es pesado o liviano y cuál preferimos. Como bien señalaba Chomsky, existe un proceso bilateral: el lenguaje permite crear pensamientos complejos, y esos pensamientos, a su vez, moldean cómo nos expresamos y actuamos en el entorno. Cómo el lenguaje participa en la construcción de la identidad Nuestra identidad no es un bloque sólido, se crea a partir de lo colectivo y luego pasa a ser algo más moldeado a lo individual. En este sentido, el lenguaje tiene una participación tan importante, ya que con él buscamos construir no solo una identidad acorde a las expectativas de quienes somos, sino también de acuerdo a lo que nos muestra el ambiente. Quienes queremos ser y lo que valoramos tienden a ser importantes, ya que si no comprendemos y le encontramos un significado en nosotros, y solo nos enfocamos en ajustarnos a expectativas ajenas, podemos sentirlo como un camino vacío. El peligro de las etiquetas: el poder del «ser» Usar el verbo «ser» tiene un impacto profundo en cómo nos percibimos. Decir afirmaciones como «soy esto» o «soy aquello» construyen escenarios de orden, pero muchas veces también rígidos que pueden encasillarnos. Como psicólogos, observamos que las personas no son una sola cosa todo el tiempo; somos seres flexibles que cambian según el contexto. Algunos ejemplos de esta premisa son: Es diferente decir «soy una persona triste» frente a «estoy sintiendo tristeza». La etiqueta nos encierra, mientras que el estado nos permite ver que la emoción es solo una parte pasajera, no el todo. Al ser diferentes entre nuestros padres y nuestros amigos. Incluso, en un mismo grupo de personas, no siempre nos mostraremos igual ni nuestras acciones significarán lo mismo. Si le dijimos algo hiriente a un amigo en una pelea, no quiere decir que nos guste actuar así o que actuemos siempre así con esa persona. Es decir, las personas no son una cosa, si bien podemos ver ciertas conductas, emociones o pensamientos que se repiten, las personas igualmente tienden a cambiar constantemente según sea el caso y la ocasión. Esta idea la podemos apreciar, por ejemplo, en lo expresado por Corral (2017):“En el ámbito médico, la terminología que se utiliza suele ser apropiada, hablando sobre personas que tienen/padecen una enfermedad. Resultaría muy raro escuchar “Pedro es un infectado” en lugar de “Pedro tiene una infección”. Sin embargo, nos resulta difícil escuchar, tanto en nuestra cotidianeidad como en los medios de comunicación, términos como “discapacitados”. No nos damos cuenta de que estamos englobando la identidad de la persona en su discapacidad. En su lugar, se debería utilizar “personas con discapacidad/diversidad funcional”, ya que de esta manera nos permite resaltar a la persona antes que a su discapacidad. Más allá del debate: transformando nuestro diálogo interno Cuando nos sentimos mal, buscamos automáticamente intentar «corregir» nuestro diálogo interno. Esto puede ser de muchas formas, como debatiendo con hechos o tratando de ignorarlo. Sin embargo, en la práctica clínica, observamos que este esfuerzo constante a veces es más agotador que provechoso. ¿Y si en lugar de luchar con nuestra mente, aprendiéramos a notar el lenguaje desde una perspectiva diferente? Desde el enfoque conductual-contextual, buscamos cambiar la función que tiene ese lenguaje en nuestra vida más que quedarnos solo en el contenido. Esto implica: Identificar la «etiqueta»: Cuando detectamos un pensamiento rumiante (como «no soy capaz»), podemos aprender a etiquetarlo como un pensamiento que es lo que es, no una realidad. Volver a la acción: En lugar de gastar energía peleando con nuestra mente, podemos preguntarnos: “¿Qué puedo hacer hoy que sea coherente conmigo, independientemente de lo que estoy pensando?”. Flexibilidad: El lenguaje suele ser rígido («yo soy así»), pero la vida es continua. Por eso, al permitirnos vivir el presente y no solo enfocarnos en si el pensamiento está o no, nos da más chance de expandir nuestras experiencias y, por consiguiente, la imagen de nosotros. Conclusiones del Lenguaje y la Psicología El lenguaje es una habilidad que los seres humanos hemos desarrollado y que nos permite no solo saber identificar cómo estructurar nuestras ideas según el contexto en el que estamos, sino también los significados de las cosas que nos rodean. En pocas palabras, la sociedad, el lenguaje y el pensamiento no existirían sin el otro. Siendo así, una de las principales herramientas que tenemos para usar en la cotidianidad. Y si bien el lenguaje no es lo único que juega en cómo se desarrolla la vida de cada uno de nosotros, lo podemos apreciar como un factor esencial y de base sobre el cual podemos empezar a reconocer y construir tanto nuestra

El Lenguaje: Cómo influye en el pensamiento e identidad Leer más »

11 mitos y realidades sobre la terapia

11 mitos y realidades sobre la terapia ¿Alguna vez has pensado en ir a terapia, pero sientes nervios por algunas ideas que escuchaste? Bueno, esto es mucho más normal de lo que crees, pero tranquilo, en este artículo descubrirás que no todos los mitos sobre la terapia son ciertos, ¡inclusive verás que la terapia es mucho mejor de lo que parece! 1. El paciente no trabaja ni hace nada en terapia En realidad, es todo lo contrario. Para que un proceso psicológico funcione y sea eficaz, el trabajo se divide en dos partes esenciales: Dentro de la sesión: Nosotros analizamos tu comportamiento, entendemos tus bloqueos y practicamos nuevas formas de gestionar tus emociones. Fuera de la sesión: En tu día a día es donde ocurre el verdadero cambio. Es tu espacio para probar técnicas, hacer pequeñas tareas acordadas y observar cómo responde tu entorno. El objetivo final de la terapia es que te vuelvas independiente y autónomo. Un psicólogo ético no te da las soluciones hechas, sino que te acompaña y entrena para que seas tú quien tome las riendas de tu vida. 2. Como paciente solo vas a que te escuche Siguiendo con la creencia anterior, esta tampoco es del todo cierta. Si bien el psicólogo está capacitado para escuchar lo que le quieras comentar, eso no significa que solo deben quedarse allí. En realidad, a partir de la escucha, cada psicólogo, dependiendo de su enfoque, aplicará y enseñará distintas herramientas. 3. El psicólogo te va a resolver la vida  El proceso terapéutico se construye en base tanto del profesional como del paciente. La mayoría de los avances los produces tú mismo a partir de la compañía y la guía del profesional. De esta forma, los psicólogos no somos seres todopoderosos con todas las respuestas. Nuestra labor como profesionales no es decirte qué hacer, sino ser una guía para que desarrolles tus propios recursos y resuelvas tu situación. 4. La terapia es un proceso lineal y preciso Si bien este proceso requiere una preparación y planificación, no es algo que siempre se cumple al pie de la letra. Ya que dependerá de muchos factores dados fuera de la sesión en la vida del paciente, como: Los intentos de poner en práctica lo aprendido en consulta. Los acontecimientos en la vida de la persona. La propia personalidad del paciente. Las respuestas del ambiente o las personas que conviven con él. Entre otras variables. 5. Al psicólogo solo van quienes tienen problemas graves  Este es uno de esos mitos sobre la terapia que tiene varias cosas a cuestionar; por ejemplo, ¿qué consideraríamos un problema grave? Esta es una descripción un poco abstracta, y en algunos casos puede ser hasta limitante para las personas, ya que cada quien tendrá una respuesta diferente.  Sin embargo, contestando al mito: al psicólogo puede acudir quien quiera hacerlo.  El espacio terapéutico está abierto a cualquier persona que así lo desee, para cualquier tipo de motivos de consulta, desde algunos que suelen vivirse de forma más agradable hasta otros que pueden ser más desagradables.  Todo dependerá, por un lado, de la posibilidad que tenga el paciente al asistir; mientras que por otro lado, de la capacitación y disponibilidad del profesional. 6. Los psicólogos son personas equilibradas perfectamente todo el tiempo Este mito no es del todo cierto. Si bien los psicólogos son personas que poseen varios conocimientos por la carrera, siguen siendo personas y no seres robóticos.  Así, los psicólogos sienten igualmente las emociones y pasan por sus propios procesos psicológicos, solo que, con la formación y la experiencia, van adquiriendo habilidades que les ayudan a acompañar de la mejor manera a sus pacientes sin que sus procesos personales influyan. 7. Los psicólogos están locos por siempre estar escuchando problemas de los demás La idea de que los psicólogos están «locos» o «enloquecen» por escuchar a sus pacientes es un mito sin fundamento. Al igual que cualquier profesional, cuentan con formación y experiencia para abordar los casos con objetividad. Esto les permite separar su labor clínica de sus roles personales.  Además, la psicología dota al terapeuta de habilidades para gestionar sus propios procesos emocionales o, al menos, para ser consciente de ellos y tener la responsabilidad de buscar apoyo en otro profesional si es requerido.  Por lo que ser psicólogo es un rol más en la vida: no poseemos todas las respuestas, pero sí las herramientas para acompañar de manera ética, efectiva y humana. 8. Los psicólogos te pueden leer la mente Como hemos mencionado, los psicólogos son seres humanos como cualquier otro, solo que tienen una formación en la ciencia de la psicología.  Por lo tanto, no podemos entender tu caso si no nos lo comentas. De esta forma, se resalta que el proceso terapéutico requiere la participación de ambos.  He pensado que esta creencia suele venir de una visión idealizada de la carrera, donde se imagina al terapeuta como un ser con información secreta que puede desvelar tus secretos sin esfuerzo. Pero la realidad es que, aunque estudiamos a fondo la conducta humana, no tenemos superpoderes: trabajamos con lo que tú decidas compartir en consulta. 9. Los psicólogos te dan consejos Es muy común pensar que ir a terapia es sentarse a escuchar el criterio de un experto que te dirá qué hacer con tu vida. Pero la realidad es muy diferente. Dar un consejo significa emitir un juicio basado en la experiencia personal de quien lo da. Si un psicólogo hiciera esto, no estaría siendo ético ni objetivo. Estaría ignorando lo más importante: tu historia y tu realidad actual. Por eso, la labor de un terapeuta no es aconsejar, sino acompañarte en un proceso de aprendizaje. Esto puede ser a través de preguntas estratégicas y técnicas científicas. Creando así, un espacio seguro para que seas tú, como paciente, quien genere nuevas reflexiones y tome decisiones congruentes. Al final, las soluciones deben ajustarse a tu propio contexto, a los recursos que tienes disponibles y a tus valores, no a los del psicólogo. 10. La

11 mitos y realidades sobre la terapia Leer más »

Psicología del color: ¿Cómo impacta en nuestra vida?

La Psicología del Color ¿Quieres saber cómo los colores nos impactan? ¡Quédate para averiguarlo! ¿En qué consiste la Psicología del color? La psicología del color es la disciplina que estudia cómo las distintas tonalidades de colores influyen en la conducta humana. Según González Fonseca (2011), aunque su aplicación es habitual en el diseño y el marketing, su aplicación en la psicología exige establecer unos límites precisos. El color no es solo un fenómeno óptico resultante de la reflexión de la luz sobre una superficie. Para la psicología científica, el color es un estímulo complejo que puede moldear nuestras conductas y nuestras emociones. Los colores y su significado Muchas veces hemos visto significados generales que no carecen de lógica y razón en ciertos casos o contextos generales. A continuación, verás algunos significados comunes de cada uno de los colores: ROJO Este color representa todo aquello relacionado con la intensidad. Esto está asociado en muchas oportunidades con el amor, la pasión y el deseo. Sin embargo, también representa elementos más agresivos como la destrucción, violencia, peligro y alerta. De esta forma, se observa que tiene la capacidad de atraer la atención de forma rápida, por ejemplo, en contextos de advertencia como en logros de peligro o en contextos románticos como en las decoraciones de San Valentín. AMARILLO El amarillo tiende a ser otro color con muchos posibles significados duales, ya que, por una parte, es frecuentemente asociado a la abundancia, la alegría y el poder, reflejando esa sensación de riqueza y prosperidad. Por otro lado, este tiende a ser asociado con elementos como la traición y el peligro. Así, todo esto lo podemos ver reflejado, tanto en señales de tránsito para estar prevenidos, como también en cosas más culturalmente significativas como las caritas felices amarillas. ANARANJADO El anaranjado es un color que suele estar en conjunto o muy relacionado con el rojo y el amarillo, por ejemplo, en el círculo cromático. Sin embargo, este también tiene su propio significado, atribuyéndole a una sensación de calidez, que tiende a verse relacionada con aspectos como la tierra y la divinidad. Un claro ejemplo de dónde podemos conseguirlo es al observar el elemento del fuego. AZUL Este color tiende a transmitir sensaciones de tranquilidad, calma, afecto y confianza, ayudando muchas veces a promover un estado de relajación y paz. Asimismo, este suele estar asociado con la inteligencia y la introspección. No obstante, este mismo también puede significar melancolía y nostalgia. De esta forma, algunos ejemplos que se me ocurren de la cotidianidad donde podemos encontrar este color, están no solo en los elementos naturales como el cielo o el mar, sino también en espacios que quieren estimular mayores sensaciones de calma, como hospitales. VERDE El verde universalmente se ha significado como la naturaleza y la vida, siendo asociado en conjunto con otros significados como la esperanza, el equilibrio, la renovación, la armonía, la salud y el bienestar. Del mismo modo, también ha sido relacionado con otros símbolos con connotaciones más negativas, como el veneno y la toxicidad, reflejándose usualmente en unos tonos más oscuros. Esto lo podemos ver entonces no solo en los árboles o en algunos logos de farmacéuticas, sino también, por ejemplo, en diversas tonalidades de hongos como el moho. PÚRPURA Este color tiende a representar, por una parte, ideas sobre situaciones melancólicas o misteriosas, dando así un significado universal dual que afectaría de manera diferente según el caso de cada persona. Por otra parte, esta misma tiende a estar relacionada con temas como la delicadeza y la dignidad, habiendo incluso registros históricos de que era un pigmento difícil de conseguir y que solo personas de poder, social o económico, tendían a usarlo en épocas anteriores. BLANCO El blanco suele usarse para representar mensajes relacionados con la pureza, la elegancia y la simplicidad. Es ampliamente reconocido como el color de la paz y la inocencia, utilizado tradicionalmente en eventos ceremoniales como bodas. También se tiende a relacionar con la limpieza y la frescura, transmitiendo claridad y orden. Por otra parte, este color puede simbolizar nuevos comienzos o la ausencia de conflictos, pudiendo verse este último representado, por ejemplo, en una bandera blanca. Sin embargo, estos significados variarán según el caso, ya que, aunque hablaremos un poco más de este punto más adelante, este color se presenta diferente, por ejemplo, para las culturas asiáticas, ya que este suele ser un color relacionado con el luto para estas culturas. NEGRO El color negro está relacionado con la exclusividad, la sofisticación y el glamour. Además, este es un color que denota seriedad, misterio y poder. Asimismo, está asociado con la muerte, el luto y la oscuridad. En este sentido, el negro resulta ser un color versátil, que puede transmitir tanto fuerza como seriedad dependiendo del contexto. ¿Por qué no reaccionamos igual ante los colores? La perspectiva científica Aunque se han demostrado patrones asociativos con cada color, es importante aclarar que esto no implica causalidad. Que exista una asociación cultural entre el azul y la calma no significa que los colores sean disparadores directos e incondicionados de emociones, ya que viviríamos en un estado de desregulación constante ante los colores del entorno. Por ejemplo, pasando por una pared con un grafiti de diferentes colores.Por lo que, la lista anteriormente presentada no es necesariamente universal; mas bien los colores y sus significados son el resultado de contingencias sociales y nuestra historia de aprendizaje individual. Entendemos que: Los significados son convenciones aprendidas: Lo que llamamos «significado» (p. ej., rojo = peligro) es, en realidad, una pauta de interacción enseñada por la comunidad verbal para facilitar la comunicación. La función del color es dinámica: Un mismo color puede adquirir funciones radicalmente opuestas dependiendo del contexto en el que esté y de las redes relacionales que el individuo ha construido a lo largo de su vida.Por ejemplo: El rojo puede ser peligro, pero también pasión o amor. La experiencia es individual: Aunque existan consensos culturales, la respuesta que tendrá cada uno ante un color siempre dependerá de la historia personal.

Psicología del color: ¿Cómo impacta en nuestra vida? Leer más »