El Lenguaje: Cómo influye en el pensamiento e identidad
El Lenguaje: cómo influye en el pensamiento y la identidad El lenguaje es mucho más que un conjunto de palabras ¡Es la herramienta con la que construimos nuestra identidad y nos permite relacionarnos con el mundo! A continuación exploraremos lo poderoso que puede ser el lenguaje. Cómo el lenguaje participa en la construcción del pensamiento Hablar de pensamiento es, en esencia, hablar de lenguaje. Para la psicología conductual-contextual, los pensamientos no son entes abstractos, sino estructuras verbales que aprendemos a reunir en «ideas». Es decir, nosotros primero empezamos a hablar y luego, según la experiencia, vamos aprendiendo qué cosas expresar en voz alta, qué cosas hablar con nosotros mismos y qué cosas aprendemos y automatizamos. Veámoslo de este modo: Cuando un niño aprende a pedir un «vaso» y recibe una respuesta, no solo suma vocabulario; sino que entiende la funcionalidad de su lenguaje. Con el tiempo, esta interacción se vuelve interna y compleja, permitiéndonos opinar sobre nuestra realidad y autorregularnos desde nuestros pensamientos. Por otra parte, a medida que crece, va aprendiendo, porque el ambiente se lo pide, a saber qué decir y qué no, por ejemplo, armando frases como: «Pásame el vaso», pero ya no lo señalas o no dices el color del vaso si no es importante. A su vez, ya para este punto, aprendemos que podemos hablarnos y respondernos a nosotros mismos de forma coherente. En el ejemplo del vaso, podemos tener una opinión interna sobre si es pesado o liviano y cuál preferimos. Como bien señalaba Chomsky, existe un proceso bilateral: el lenguaje permite crear pensamientos complejos, y esos pensamientos, a su vez, moldean cómo nos expresamos y actuamos en el entorno. Cómo el lenguaje participa en la construcción de la identidad Nuestra identidad no es un bloque sólido, se crea a partir de lo colectivo y luego pasa a ser algo más moldeado a lo individual. En este sentido, el lenguaje tiene una participación tan importante, ya que con él buscamos construir no solo una identidad acorde a las expectativas de quienes somos, sino también de acuerdo a lo que nos muestra el ambiente. Quienes queremos ser y lo que valoramos tienden a ser importantes, ya que si no comprendemos y le encontramos un significado en nosotros, y solo nos enfocamos en ajustarnos a expectativas ajenas, podemos sentirlo como un camino vacío. El peligro de las etiquetas: el poder del «ser» Usar el verbo «ser» tiene un impacto profundo en cómo nos percibimos. Decir afirmaciones como «soy esto» o «soy aquello» construyen escenarios de orden, pero muchas veces también rígidos que pueden encasillarnos. Como psicólogos, observamos que las personas no son una sola cosa todo el tiempo; somos seres flexibles que cambian según el contexto. Algunos ejemplos de esta premisa son: Es diferente decir «soy una persona triste» frente a «estoy sintiendo tristeza». La etiqueta nos encierra, mientras que el estado nos permite ver que la emoción es solo una parte pasajera, no el todo. Al ser diferentes entre nuestros padres y nuestros amigos. Incluso, en un mismo grupo de personas, no siempre nos mostraremos igual ni nuestras acciones significarán lo mismo. Si le dijimos algo hiriente a un amigo en una pelea, no quiere decir que nos guste actuar así o que actuemos siempre así con esa persona. Es decir, las personas no son una cosa, si bien podemos ver ciertas conductas, emociones o pensamientos que se repiten, las personas igualmente tienden a cambiar constantemente según sea el caso y la ocasión. Esta idea la podemos apreciar, por ejemplo, en lo expresado por Corral (2017):“En el ámbito médico, la terminología que se utiliza suele ser apropiada, hablando sobre personas que tienen/padecen una enfermedad. Resultaría muy raro escuchar “Pedro es un infectado” en lugar de “Pedro tiene una infección”. Sin embargo, nos resulta difícil escuchar, tanto en nuestra cotidianeidad como en los medios de comunicación, términos como “discapacitados”. No nos damos cuenta de que estamos englobando la identidad de la persona en su discapacidad. En su lugar, se debería utilizar “personas con discapacidad/diversidad funcional”, ya que de esta manera nos permite resaltar a la persona antes que a su discapacidad. Más allá del debate: transformando nuestro diálogo interno Cuando nos sentimos mal, buscamos automáticamente intentar «corregir» nuestro diálogo interno. Esto puede ser de muchas formas, como debatiendo con hechos o tratando de ignorarlo. Sin embargo, en la práctica clínica, observamos que este esfuerzo constante a veces es más agotador que provechoso. ¿Y si en lugar de luchar con nuestra mente, aprendiéramos a notar el lenguaje desde una perspectiva diferente? Desde el enfoque conductual-contextual, buscamos cambiar la función que tiene ese lenguaje en nuestra vida más que quedarnos solo en el contenido. Esto implica: Identificar la «etiqueta»: Cuando detectamos un pensamiento rumiante (como «no soy capaz»), podemos aprender a etiquetarlo como un pensamiento que es lo que es, no una realidad. Volver a la acción: En lugar de gastar energía peleando con nuestra mente, podemos preguntarnos: “¿Qué puedo hacer hoy que sea coherente conmigo, independientemente de lo que estoy pensando?”. Flexibilidad: El lenguaje suele ser rígido («yo soy así»), pero la vida es continua. Por eso, al permitirnos vivir el presente y no solo enfocarnos en si el pensamiento está o no, nos da más chance de expandir nuestras experiencias y, por consiguiente, la imagen de nosotros. Conclusiones del Lenguaje y la Psicología El lenguaje es una habilidad que los seres humanos hemos desarrollado y que nos permite no solo saber identificar cómo estructurar nuestras ideas según el contexto en el que estamos, sino también los significados de las cosas que nos rodean. En pocas palabras, la sociedad, el lenguaje y el pensamiento no existirían sin el otro. Siendo así, una de las principales herramientas que tenemos para usar en la cotidianidad. Y si bien el lenguaje no es lo único que juega en cómo se desarrolla la vida de cada uno de nosotros, lo podemos apreciar como un factor esencial y de base sobre el cual podemos empezar a reconocer y construir tanto nuestra
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